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El Alma del escritor

El escritor lo finge todo. Vaga en el camino de las historias inconclusas: se llena de dulces recuerdos, o de complicados romances. Se esconde, el escritor esconde el reflejo de la más hermosa verdad que lo aniquila. Si una tragedia lo incomoda la transforma; si un amor lo llena de gloria lo destroza. El escritor se desgarra la piel, le arde cada letra: viaja entre infinitos paralelos. El escritor es un ser solitario, es un ser ensayando cada parpadeo, es un pensativo constante: no de números, no de razones, sino de realidades elegantes, grotescas, exageradas, etcétera. El escritor no es como los demás, no puede, no e natural; aparenta serlo. Los demás no pueden ser como el escritor, ellos también aparentan serlo: con palabras profundas que no expresan nada, vanas, simples estados de ánimo que duran tres minutos, o un día: pero jamás una vida. El escritor es egoísta, nada teme: todo lo sabe, pero no es un genio sino que su capacidad de creación le da las explicaciones. Lo más semejante a un escritor es un Dios creador de todo el firmamento, pero un Dios no es arrogante: el escritor si lo es; y si la incoherencia es inevitable entonces el escritor coherente no existe…

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