De los fracasos aprendí a tenerle miedo al amor.

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No es cierto que el amor lo puede todo, no es cierto que tus ojos sean eternos mientras mis ojos te miran.

Aprendí a tenerle miedo al amor de la misma manera en la que aprendí a tenerle miedo a las paredes de un NO.  las veces que caminé solo, ensimismado, volteando para todas partes, fueron las veces que me venció la nostalgia; fueron momentos cansados, fueron pómulos mojados, nadie me miraba porque yo no existía. Las veces que caminé solo, fueron las mejores veces porque aprendí un arte insignificante, busqué algunas sensaciones que guardé en la bolsa del pantalón, y encontré en el suelo el alivio de mis pies derrotados. Las ojeras me delatan, no duermo por días y me excedo entre estrellas. Dejé de pintar y ahora solo pretendo escribir, no soy compasivo: realmente soy mi peor enemigo.

De vez en cuando me sacudo la espalda pero pesa demasiado el mundo y debo caminar encorvado.

Aprendí a no tener amigos porque no soy bueno conservándolos, luego me quejo de la soledad pero no me molesta el hacer nada.

Después aprendí a dejar ir, creo que las segundas oportunidades carecen de devoción, sin embargo: es cierto que pienso un par de veces en volverlo. El miedo me hace prudente, no soy santo pero me gusta hacer milagros.

Aprendí a tenerle miedo al amor cuando se empezó a morir mi familia.

Aprendí a no complicarme cuando mi sentimiento es incoherente le puedo dar vueltas a las cosas porque a veces soy bien desidioso, este escrito bien podría llamarse lecciones, pero no quiero que se llame así; “Me gusta el cliché, la pizza y las películas acompañado”.

 

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